Todo mejoró, una vez más, no se dieron cuenta de lo que tenían hasta que lo vieron perdido.
Por suerte pudieron volver a tenerse el uno al otro, el Geranio a su Amapola, la Amapola a su Geranio.
Siguieron viviendo en la misma casa varios años. Ambos cambiaron de forma de ser y se entendían, todo marchaba perfecto, aunque el monstruo del pasado a veces quedaba presente en algunos silencios, miradas.
Amapola buscó trabajo, Geranio se consolidó en la empresa.
Nunca cesaron en su intento de tener un hijo, aunque el ánimo y la esperanza a veces les hacía caer en la desilusión. Decidieron que iban a intentarlo dos meses más, y sino salía, adoptarían.
Pasó el plazo y no hubo más que empezar los trámites de adopción.
Era un matrimonio modelo, bien asentado, buena casa, buen trabajo, excelente ambiente…
Él 48, ella 47; solo les ofrecían niños de 15 años en adelante, y no, eso no era.
Acabaron por ceder a la biología y aceptarlo. Resignación. Decidieron que mejor sería disfrutar de la vida sin preocuparse y olvidando la idea de la descendencia.
La vida solos les aportaba una gran tranquilidad, pero un vacío al mismo tiempo. Igual siguieron adelante con sus vidas, cosas peores habían pasado.
Gozaron del sexo, reventaron los pecados capitales en sus vidas en esa oleada adolescente carpe diem que a todos nos viene de cuando en vez.
…..
Amapola se sentía extraña, tenía dolores en la tripa, de vez en cuando le entraban nauseas y vómitos, la cabeza algunos días parecía que le iba a estallar, la regla se le retrasó…
A pesar de que habían conseguido hacía tiempo vivir sin pensar en tener hijos, la ilusión no podían aguantarla, por mucho que lo intentaran.
Fueron juntos al médico, éste les mandó al ginecólogo, ya que los síntomas eran evidentes.
Era el gran día, tenían cita a las once. Entraron los dos de la mano a la consulta, y no se soltaron mientras el ginecólogo practicaba la ecografía.
- Dígame doctor, ¿estoy embarazada?
- Señora, es un tumor ovarial. Está en estado muy avanzado. La muerte es inminente, le quedan 2 meses de vida…
…
Tantas cosas le quedaban por hacer! Tanto había dejado pasar! Cuántas cosas dijo que haría en otro momento! Tanto había cedido al conformismo!
Dos meses, qué iba a hacer en dos meses que no hubiera hecho antes. Aparte ya no era ninguna joven como aquel día que alguien le invitó a bailar chotis.
Solo a los recuerdos se pudo dedicar, formar nuevas sensaciones era una idea en vano, no merecía la pena. Se limitó a soñar, y a vivir en el pasado; esos dos meses no existieron para ella, no así para Geranio, el cual sufría constantemente.
Amapola se refugiaba en la morfina, y el sueño le hacía vivir en otro mundo…
Geranio no lo aguantaba.
Era insoportable.
La muerte, eso que veían tan lejos cuando llamaban reaccionarios a sus padres, estaba a la vuelta de la esquina.
No daba tiempo para reflexionar mucho, podía ser cualquiera el día…
Geranio no aguantaba esa mierda, ¿esperar para qué? La arrancó de toda la mierda que la sujetaba a la cama del hospital y se la llevó. En coche fueron hasta la casa.
Geranio sentó a la Amapola inconsciente en el sofá del salón, cerró todas las ventanas y persianas, la puerta del salón también. Dentro solo quedaban ellos y una bombona de butano; Geranio la abrió y se sentó al lado de su vida, de su flor… La abrazó con todas sus fuerzas, y esperó…
Todo tipo de recuerdos atropellaban la mente de Geranio, el sueño entraba ligero, y los recuerdos se mezclaban cada vez más…
Amapola estaba con los ojos cerrados, fuera de todo, absorta seguramente en algún recuerdo transformado en sueño… Geranio no dejaba de mirarla. De pronto, ella movió una mano hasta la suya, y le agarró, fuerte. Tal vez tan lejos de la realidad no se encontrara. Geranio la miró con la esperanza de que abriera los ojos y mirarla por última vez… Pero Amapola no estaba allí, así que intentó buscarla en sus recuerdos; Geranio cerró los ojos y se entregó a la memoria:
-Me llamo Geranio, ¿bailas?
-Amapola, bailo…
…
Un abrazo, NICO
