Y un día te despiertas sin que nadie te diga:
- Abre los ojos.
Sin que ningún ruido molesto se meta en tu sueño, sin que la vejiga te pida ir al baño.
Solo la luz del sol, nada más que la luz del sol. Sabes que va ser un buen día; ¡nadie puede tener un mal día si le despierta el sol!
Antes de levantarte, ya te atropellan millones de pensamientos, pero no te preocupas, porque no son preocupaciones, solo pensamientos, y son alegres porque te sientes capaz de todo; eres el hombre que siempre quisiste ser, y no crees que nada se pueda interponer en tu camino.
Lo ves todo superfluo si tienes tu sonrisa y los rayos del sol pueden golpearte en la cara.
Poco necesitas y de pronto ves que te has convertido en otro Diógenes, y no necesitas más que tu tonel, tu capa, tu bastón y tu bolsa de pan.
“- Sí, que te apartes un poco y no me tapes el sol” (Diógenes a Alejandro Magno)
Tú, solo tú y nadie más. Todo se ha convertido en banal y siempre serás feliz.
Y todo gracias a ese glorioso rayo de sol que te despertó…
Hoy un horrible sonido irrumpe en tu sueño, es el despertador.
Afuera hace frío y aún es de noche.
Te levantas cabreado, sin ganas de nada.
Pero te metes en el baño, te lavas la cara, te miras al espejo y al tiempo que sonríes agarras el pomo de la puerta, tomas aire y decides hacerte creer que fue el sol el que te despertó…
Sin darte cuenta, ya ni siquiera te hace falta el sol, basta con imaginártelo…
Un abrazo, NICO