No me queda más que, de una forma egoísta pero llena de solidaridad involuntaria, intentar contagiar mi felicidad a los demás. Es una putada. En un mundo en que la gente se ahoga en un vaso de agua, y yo, ser especial, inimitable y transgresor, soy plenamente feliz. Te ampliaré algo más: estuve en casa de unos amigos ayer, y la gente, lejos de absorber y dejarse hechizar por el bucolismo tan cursi que rodea el venir de la primavera, se amarga, y cede a las alergias que velan por taparles la nariz y hacerles estornudar cada vez que osan mirar al sol a la cara. Novios, amigas suicidas, complejos hipócritas que ceden a la sociedad que nos dedicamos a criticar, y demases nostalgias que están lejos de ser antisépticas, son los/las culpables de que yo, en pleno celo de mi felicidad, en pleno orgasmo vividor, no pueda más que resultar molesto y cítricamente amargo para quien, atándose las manos con su valor, deja pasar la tentación y decide que es mejor comprar clinex con olor a melocotón que comer amapolas y dejarse llevar por ese instinto suicida vividor que clama por vendernos su droga, y, que ha conseguido que yo sea otro más de sus camellos.
¿Nicolas?
No tenía ni idea de que a ti te fueran los blogs…
Me parece muy interesante el que te has hecho.
Te diiría quien soy, pero eso ya lo sabes.
Comentario por Raven — Mayo 31, 2008 @ 7:35 pm